Camila con sonrisas, traza su futuro
Son las 12 de medio día. La tarde esta soleada y
radiante, el cielo despejado con pocas nubes que se van dejando llevar por el
viento en su lento movimiento. Los gritos y carcajadas ingenuas de niños corriendo
y jugando de un lugar a otro con pelotas y canicas o las personas que se
movían rápidamente a una acera al ver venir una moto ruidosa, era lo que Camila
observaba mientras salia apurada de su casa con su bolso negro tan lleno que parecía
reventarse.
—
¡Amor apúrate! Ya voy demasiado tarde — le dice Camila a su esposo Jorge quien sale de la casa con el
casco ya puesto y las llaves en su mano derecha.
Jorge es un hombre alto de más
o menos 1,84 de estatura de contextura delgada y ojos cafés, es quien lleva a Camila
a una casa no muy grande de apariencia humilde pero acogedora. Camila entra, se
presenta con quien será la que evaluará su trabajo. Una joven de cabello
castaño, ojos verdes y de contextura gruesa
— ¡Hola! Doña
Marcela mi nombre es Camila y seré quien dirija su evento el día de hoy, ¿Dónde
me puedo hacer para empezar?
—Hola
Camila que bueno que llegaste e estado muy ocupada con todo lo de la fiesta,
puedes hacerte aquí en la cocina además te queda cerca de la mesa principal y si necesitas algo más me dices.
Camila se
sienta y comienza a sacar todo lo que usara para divertir a los niños durante
esa hora; en ese momento llega dulce María una niña de 3 años, cabello rubio con
cintas fucsias y azules entrelazadas en una trenza que formaba un corazón.
—Hola
dulce ¿Cuántos años es que cumples?
—Tes…
le responde la pequeña
— ¿estas
feliz con tu fiesta?
Dulce sonríe
y se va corriendo.
Camila con
mano firme comienza a trazar líneas en su rostro; líneas que darán felicidad a
cada invitado de la fiesta. Traza 3 círculos pequeños en cada mejilla, un círculo
más para la nariz y delinea 2 medios círculos alrededor de su boca. Mientras tanto
los niños y adultos comienzan a llegar y van felicitando y entregándole los
regalos a la homenajeada, Camila se apresura a darle color y brillo a su rostro de payasito.
Mientras saca
una cartera llena de pitucaritas, pinceles y mirellas observa las bolsas que
tiene doña Marcela en la cocina, bolsas que tienen vasos servilletas y platos
para el momento de la comida. Sale y parada al lado de la mesa principal de
mantel rosado y figuras de la doctora juguetes, comienza a llamar a los niños
para pintarles las caritas dibujando sonrisas y dándole color a la vida.
— Las
sonrisas del presente, son las mentes del futuro… es lo que me dice Camila; la
joven estudiante de Comunicación Social de la Universidad Católica Luis Amigó, que trabaja en recreación los
fines de semana disfrazada de payasita para ayudarse con sus gastos de la
universidad.

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